miércoles, 11 de marzo de 2009

algo imposible.

Desde aquél percance, tengo a Bacterio pegado a mis faldas, día y noche. Sinceramente el tenerlo tan cerca, a veces, me hace replantearme cosas. Por un lado, una amistad con él sería perfecta, si no fuera por el matiz de que él lanza miradas desafiantes a mi canalillo cuando hablamos. Uf, no sabéis como odio eso, hablar de la fosforilación aciclíca en medio de probetas, microscopios, centrifugadoras y ese olor tan especial que desprende la habitación de Bacterio, no son el lugar idóneo para que salte la chispa o algún matiz de posible romance. Sí, el mundo es injusto, por mucho que Bacterio quiera, es mortadelo el que hace que me tiemblen las rodillas y mi corazón quiera salir alocado de mi pecho. Bacterio... quizá en otra vida...

No hay comentarios:

Publicar un comentario